Hay una especie de ecuanimidad que trae la paz profunda. No es indiferencia, porque todo está en relación a sí mismo: el mar, la luz, las voces de los niños en el parque, y el peso de los troncos de madera sobre los hombros. Todo se entremezcla, mezclando entre sí y la apertura de la conciencia de un silencio apacible.

Las preguntas – ¿Quién soy yo? o, ¿Qué estoy haciendo aquí? – Se han ido. No hay necesidad de contar con con las preguntas existenciales que se hace todo ser. Los ojos miran sin rumbo en el mar de la calma. Las preguntas, que de otro modo crean perturbaciones, pesadez o actividad, no tienen sentido.

El resplandor rojo del sol llega una vez más a través de las nubes al amanecer. La tierra está cubierta de paz y todo lo que toca es su silencio.

  • Corazón apasionado no quiere ser aconsejado.
  • Cuando nos aman, señoras nos llama; cuando nos tienen, ya no nos quieren.
  • Del amor que no conviéne, mucho mal y ningún bien.
  • El deseo hace hermoso lo feo.



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  • Autor: Equipo de redacción, Carla Brigitte.
  • Fecha de publicación: Febrero 28, 2012.

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