Escucha el infinito silencio del viento
rasgando tus mejías sonrojadas,
imagen preciosa que anuncia pomposo,
el retiro imperioso de tu soledad.

¿Seré acaso yo el rayo de luz,
que acompañará al viento en su majestuosa travesía?
o simplemente un concurrente más de tu idilio transversal.

Oh, amada mía
la vid de mi corazón está atenuada,
el odio invade mi ser,
mi alma, mi amor.

Te veo tan lejana,
como una estrella en las alturas del Everest,
disipándote en el aura del ocaso.

Ya el viento no sopla más,
tu cabello no conquista el cielo,
otrora símbolo de tu libertad.

Mi imaginación incoherente no te halla más,
he disipado mis últimas quimeras
con el aguardo del impetuoso día de tu libertad.

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